La droga de emprender

Nunca he probado ninguna droga, al menos entendiendo como drogas aquellas sustancias que no están socialmente aceptadas, pero últimamente tengo la sensación de que las emociones que producen en mi los proyectos en los que estoy involucrado tienen que ser muy parecidas (por lo que dicen).

Tengo momentos de subión, de adrenalina a tope o de comerme el mundo cuando pasa alguna cosa que nos permite ver más luz de la que teníamos. Me mantienen activo, entretenido, alerta y repercuten en mi vida fuera de la oficina. Pero también hay momentos de bajón, de sombras, de hundimiento total, cuando pasa un tiempo sin que la dosis de luz se deje ver. Y estos momentos también, por desgracia, es difícil dejarlos detrás de la puerta.

El mono también está muy presente al emprender, y es que resulta que cuando el pico de emoción se pasa, quiero más. Me mueve y me motiva para conseguir una nueva dosis de “¿¿¿reconocimiento / satisfacción / diversión / orgullo personal / descubrimiento???” y las dosis que antes eran la hostia ahora ya no llegan. Más es más, no sólo en cantidad, también en calidad.

No tengo claro cuál es el sentimiento que coloca mis endorfinas, pero sin duda no es el dinero. Al menos por el momento, quién sabe en un futuro, la pasta no importa con tal de conseguir ese chute de lo que sea. Pongo muchas comillas porque creo que la fórmula es una mezcla de todo eso. Por un lado satisfacción porque el trabajo realizado tiene sus frutos, sean los que sean en cada caso. Orgullo personal, por haber sido capaz de atreverse y de conseguir algo (por pequeño que sea dependiendo de la dosis que necesite en cada momento) con esfuerzo y a partir de la nada. Descubrimiento, con la satisfacción y el orgullo que te aporta el aprender algo nuevo o el encontrar un lugar donde podrías tener hueco, un cliente potencial, un sector que te motiva. Diversión, porque muchas veces lo vivo como un juego. Me divierte, no puedo negarlo. Y reconocimiento, no en el sentido de la fama ni de la gloria, pero si hay un cierto (mínimo) sentido de la vanidad cuando alguien te dice ‘como mola eso que haces/tienes/cuentas’.

Pero no nos olvidemos de que la droga es una ‘fiesta solitaria’. Cada uno la consume para su satisfacción personal y aquí poco tienen que aportar las adulaciones o reconocimientos.

Estaba tomando un café (una de las sustancias socialmente aceptadas que consumo) cuando se me pasó por la cabeza esta metáfora, y cuanto más la maduro más me convence, salvando las distancias, por supuesto.

Todo viene porque hoy ha sido uno de esos días de chute. No ha pasado nada excepcional, pero la dosis fue suficiente. Como ya dije alguna vez, los viernes me gusta tener tiempo para mi, para pensar en estas tonterías y otras muchas relacionadas con proyectos, y es una maravilla disfrutar de este ratito mientras estoy colocado.

Actualmente estoy metido en Regalopedia, Cleventy, Dogoplay (que a pesar de formar parte de Cleventy es un mundo completamente nuevo y diferente) y en Proyectos de escapismo, de lo que todavía no he contado nada. Me gusta lo que hago como trabajo y como hobby, por suerte para muchas cosas y por desgracia para otras. A pesar de que mi cara diga a veces que me quiero morir, lo disfruto enormemente. Tengo suerte.

Siempre que me acuerdo me gusta aclarar que no soy nadie, que no pretendo aparentar ‘tener negocios’ y mucho menos de éxito. Probablemente mucha gente gane bastante más dinero que yo, o simplemente llegaría con decir que gana dinero, manteniendo un trabajo normal y corriente, pero últimamente me ha dado por expresar lo que pienso en este sentido sin más aspiración que hacerlo.

Hay muchos tipos de droga y cada vez consumo más sustancias. Algunas están dejando de hacer efecto después de tantísimos años consumiendo, como el equipo de baloncesto, pero pronto llega la nieve y en snow todavía estamos empezando. 🙂

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